Apuestas de tenis: ¿son los 30 son los nuevos 20?

¿Las estrellas del tenis masculino (circuito ATP) le han ganado el pulso al envejecimiento? Cuando Roger Federer se convirtió en el número uno del mundo más veterano de la historia del tenis tras ganar el Open de Rotterdam en 2018, puso el foco sobre la edad de los tenistas élite en la era moderna de este deporte. Pero ésto es algo que también ocurre con Rafa Nadal o con Novak Djokovic. Los tres tenistas superan los 30 años y este año seguimos viéndoles brillar como sucedió con el serbio, ganador del Open de Australia o el suizo, ganando el Masters 1000 de Miami. Rafa por su parte ha conseguido llegar a la final de Australia y aunque una inoportuna lesión no le ha permitido ganar ni Indian Wells ni Miami, la llegada de la tierra batida promete éxitos para el español.

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Una cosa está clara: los mejores tenistas son ahora bastante más mayores de lo que nunca han sido en la historia de este deporte.

La vieja guardia lleva un tiempo poniendo en evidencia a sus colegas más jóvenes y hay que remontarse a la final masculina de Wimbledon de 2016 para encontrar una final de "Grand Slam" en la que al menos uno de los dos jugadores no fuera mayor de 30 años. Desde esa cálida tarde veraniega londinense de hace tres años, las siguientes diez finales masculinas de ‘Grand Slam’ las han ganado tenistas que superaban los 30. Así pues queda claro que la "next gen" del tenis, aún tiene que hacer mucho para ganar a los tres tenistas más destacados de las dos últimas décadas.

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Como no podía ser de otra manera, dos veteranos (Rafa Nadal y Novak Djokovic) aparecen como máximos favoritos para llevarse el título de Roland Garros de este año. 

 

El dinero: clave para entender este fenómeno

Pero la cosa no queda ahí. Todos los favoritos de las apuestas de tenis para los próximos "Grand Slams" de 2019 también son mayores de 30. La experiencia tradicional decía que la trayectoria profesional de un tenista alcanzaba normalmente su punto álgido entre los 28 y los 29 años y que, a partir de los 31, ya no era capaz de competir al mismo nivel que las jóvenes estrellas.

Tanto Boris Becker como Pete Sampras se retiraron a los 31 y a nadie le sorprendió. En cambio, cuando Andy Murray anunció que se iba a retirar a los 31 debido a un persistente problema de cadera, todo el mundo proclamó al unísono que su carrera se había truncado en su época de plenitud. Por su propia naturaleza, los grandes fenómenos son difíciles de explicar, sean de la naturaleza que sean, pero el que se está produciendo actualmente en el tenis masculino puede atribuirse a un nivel de profesionalidad nunca visto en este deporte.

¿Qué es lo que ha originado esta nueva ola de profesionalidad? La respuesta es muy sencilla y lo que mejor la describe es el título del éxito firmado por ABBA en 1976: ‘Money, Money, Money’. Hay pocos deportes en los que se gane tanto dinero como en el tenis, pero solamente cuando se está en lo más alto del ranking mundial.

Entre junio de 2017 y junio de 2018, Roger Federer ingresó la mareante cantidad de 77,2 millones de dólares en premios y promociones. Durante ese mismo periodo de tiempo, Rafa Nadal ganó 41,4 millones de libras y Novak Djokovic obtuvo 23,5 millones de dólares. Por supuesto, las ganancias varían y no solo provienen de los triunfos deportivos, sino que también se basan en el atractivo comercial que pueda ofrecer un tenista fuera de la pista.

A pesar de las impresionantes cifras que se manejan en la cima del tenis masculino ATP, se dice que solo aquellos que están entre los 350 mejores del circuito logran sacar beneficios. Cuanto más bajo se sitúa un tenista en el ranking, menos puede derrochar a la hora de escoger el hotel en el que alojarse o el vuelo que tomar, por no hablar del tipo de nutricionista o fisioterapeuta que se pueden permitir llevarse consigo.

 

El dinero no compra la felicidad, pero sí la longevidad

Cuando Roger Federer llega a un torneo, no sale por la puerta de llegadas internacionales arrastrando en un carrito sus bártulos ni pide un Uber para ir al hotel. El veterano tenista suizo llega en un avión privado, acompañado de todo su séquito. Su cuerpo técnico cuenta con dos entrenadores, un entrenador personal y un fisioterapeuta, además de tres niñeras y tutores para sus hijos.

Lo mismo sucede con Novak Djokovic, quien no aterriza cargado de su raqueta y grandes esperanzas. Nada de eso. Detrás de cada movimiento de Djokovic están su técnico, su fisio, su entrenador físico, su compañero de entrenamientos y, en su día, hasta el famoso consejero espiritual Pepe Imaz, con quien dejó de trabajar en 2018.

Rafael Nadal y Novak Djokovic

Duelos que se prolongan durante casi tres lustros

 

Con este tipo de ayuda, es fácil darse cuenta de por qué en las apuestas de tenis lo situaron como el favorito a ganar el Open de Australia y por qué acabó ganándolo. La mayoría de los tenistas del Top 20 mundial disponen de la capacidad para emplear a un séquito de proporciones similares a las mencionadas, lo que sin lugar a duda les concede mayores opciones de triunfar sobre la pista. Actualmente, los tenistas más jóvenes se adentran en la cueva del lobo cuando llegan al circuito profesional, ya que allí les toca enfrentarse no solo a quienes están considerados como los mejores tenistas de la historia, sino también a los mejores equipos que el dinero pueda comprar. Es como para replantearse si en algún momento próximo la vieja guardia dará un paso atrás para darle la bienvenida a una nueva generación de jugadores.

 

 

¿Por qué los tenistas estiran tanto su época de éxitos?

Es sabido que Andy Murray comía 50 piezas de sushi de una tacada para poder consumir 6.000 calorías diarias. El equipo del escocés rastreaba los restaurantes de sushi más cercanos del lugar donde le tocara jugar e, incluso, en su camino a Wimbledon iba acompañado de una neverita con sushi para que pudiera reponer fuerzas después del partido.

A lo largo de su carrera y bajo las indicaciones de su nutricionista a tiempo completo, Murray logró cincelar su cuerpo de 1.91 metros de altura y, en su mejor momento, llegó a pesar casi 86 kilos.

Que los premios que se ofrecen hoy en día no tienen comparación con los de antaño es un hecho probado. Si nos trasladamos a Wimbledon de 1968, Rod Laver recibió tan solo 2.643 dólares por proclamarse campeón. Yendo un poco más adelante, John McEnroe obtuvo un cheche de 128.000 dólares por ganar Wimbledon en 1984, lo que corresponde a unos 340.00 dólares actuales.

Volviendo a la actualidad, la victoria de Novak Djokovic en tres sets frente a Kevin Anderson en la final de Wimbledon de 2018 le concedió al serbio un apabullante premio de 3,3 millones de dólares, así que no es difícil entender por qué existe ese fuerte impulso por ser el mejor. A sus 32 años, el tenista serbio es el favorito en las apuestas online más recientes a que volverá a ganar Wimbledon este año y, si lo consigue, sus ganancias sobre la pista a lo largo de toda su carrera superarán los 125 millones de dólares.

 

 

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Redacción TENIS

En nuestra redacción el tenis es el deporte que más se sigue. Los monitores echan humo cada día y siempre hay partidos en juego. Es por ello que compartimos con el lector los elementos clave para la reflexión que contribuyan al éxito de los que se animen a apostar al maravilloso deporte de la raqueta.