Hoy hablamos de apuestas de motor. Por un lado, la NASCAR es una prueba de pura potencia, sin tonterías y de velocidad bruta, y el complemento perfecto para pasar una tarde viendo un evento de la Fórmula Uno que representa la precisión de la ingeniería y los giros calculados. Con raíces fuera de la ley, una hinchada especialmente ferviente en los estados del sur y la idea impensable de un campeón no estadounidense, la NASCAR tiene mucho camino por recorrer con respecto a la F1 en lo que a la comercialización como marca se refiere.

Fuera de Estados Unidos, muchos ven la NASCAR como un deporte en el que los coches dan vueltas alrededor de un circuito ovalado, y que da nauseas hasta que se baja la bandera a cuadros por última vez.

Esto no es completamente cierto, de hecho, se requieren muchas cualidades innatas para ser un piloto campeón de la NASCAR. La mayoría de las veces, el equipo de boxes debe pensar en estrategias que no son diferentes a las de los libros de jugadas de la NFL, y centrarse en deshabilitar a ciertos pilotos rivales en lugar de pensar solo en ganar la carrera.

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  • NASCAR frente a F1

Aunque la F1 no está exenta de estrategia, la era de dominio de Mercedes y Ferrari supone que los favoritos al título se conozcan incluso con un año de antelación. Más allá de eso, se convierte en un asunto personal y en saber a qué piloto se le dará prioridad, para que una escudería obtenga los mayores puntos posibles. Si bien en la NASCAR también hay roles definidos con la victoria como meta, la diferencia entre escuderías es menos prominente y hay una gama más amplia de opciones realistas cuando se trata de apostar a las apuestas de motor.

Por ejemplo, los pilotos de Joe Gibbs Racing, Hendrick Motorsports, Team Penske y Stweart-Haas son candidatos al podio - y las formaciones del Grupo A fantasy NASCAR -  con bastante regularidad. La NASCAR también difiere de la F1 en que ciertos conductores y constructores tienen ventaja según el perfil de la carrera. Hasta que una legislación más justa no se incorpore a la F1, un monoplaza de Mercedes con Lewis Hamilton al volante siempre batirá, digamos, a un coche de Haas conducido por Romain Grosjean, incluso si Grosejan fuera un mejor piloto en un circuito particular. Esto no quiere decir que algunos pilotos prefieran unas carreras sobre otras, pero en la NASCAR la historia y la forma en los circuitos cuentan mucho más cuando se hacen esas importantes elecciones.

Dada la gran variedad de vueltas en los circuitos estándar de la NASCAR, que son prácticamente idénticos en cuanto a forma, una mayor gama de superficies y la abolición de los limitadores de velocidad, todavía hay unas cuantas variables más juego. Por ejemplo, la reputación de Joe Gibbs Racing de velocidad bruta a mediados de la década de 2010 hizo que Kyle Busch fuese uno de los favoritos en los trazados catalogados como ‘Super Speedway’, pero su falta eficiencia de combustible se vio en los circuitos cortos o en aquellos potencialmente llamados a tener muchas banderas amarillas. El protocolo detrás del cambio de los neumáticos es otra diferencia entre las dos disciplinas automovilísticas, ya que el ‘timing’ en la NASCAR es incluso más importante que en la F1. Esto se debe a la regularidad con que los coches recorren la superficie de un trazado de la NASCAR, y al desgaste que sufren.

Aunque muchos aficionados de la F1 ven la NASCAR como salvaje y llena de bravuconadas, la seguridad es muy importante. A menudo la gente se frustra cuando el ‘safety car’ sale a la pista en la F1, pero es un hecho poco frecuente en comparación con las carreras de la NASCAR. El contacto es inevitable en una carrera de la NASCAR, pero incluso si solo hay un trozo de metal en el circuito, los comisarios tienen licencia para sacar la bandera amarilla, lo que hará que los coches reducir de velocidad hasta que se reanude la carrera.

 

Deserción: ¿Para bien o para mal?

Hay unos pocos que hicieron la transición de la F1 a la NASCAR.

En la década del 2000, el actual campeón del WeatherTech SportsCar Championship, Juan Carlos Montoya, ondeaba la bandera de Colombia en la F1 y la NASCAR, y es un ejemplo particularmente memorable. Hizo su debut en 2001, obteniendo su primera victoria en el circuito de Monza, en un presagio de su futura deserción.

Un respetable sexto puesto en la general dio lugar a dos terceros puestos. Montoya aún firmaría dos quintos puestos más, pero Michael Schumacher disfrutaba de un dominio absoluto al mismo tiempo, convirtiéndose en un imposible para el piloto de Bogotá el finalizar en lo más alto.

Su deserción a la NASCAR en 2006 fue una buena decisión, si la longevidad es la manera en que se debe juzgar su carrera deportiva. Obtuvo el título de ‘novato del año’ en 2007, después de una primera temporada en que se coló en el ‘top 20’ de la Nextel Cup. Pese a su éxito prematuro, las únicas victorias de su carrera en la NASCAR fueron, como era de esperar, en las carreras de carretera al estilo de la F1 en Sonoma (2007) y Watkins Glen (2010), y no pudo finalizar por encima del sexto en ningún otro circuito. Si bien es posible ganar el título de la NASCAR sin ganar una sola carrera, es un hecho evidente que la NASCAR del presente no es el lugar adecuado para un piloto desertor de la F1, ni tan siquiera para uno tan versátil como Montoya. Un número notable de pilotos de la F1, como Nelson Piquet Jr y Jaques Villeneueve, han intentado, y han fracasado por completo, tener un impacto en la NASCAR.

 

  • ¿Tráfico unidireccional?

¿Qué hay del cambio de la NASCAR a la F1? En realidad, es un camino poco transitado porque están destinados a ser conductores de reserva o de prueba. Con las academias de la F1 en auge, los sillones de la parrilla están prácticamente designados. Hipotéticamente, sin embargo, ¿cómo le iría a un piloto de la NASCAR en el monoplaza de Lewis Hamilton en Mercedes? En primer lugar, un piloto de la NASCAR se sorprendería del poco peso del chasis de un coche de F1. Tecnológicamente y en términos de diseño, están a años luz de los que se usan en la NASCAR. Como resultado, los pilotos de la NASCAR no podrían realizar con los ojos cerrados las mismas maniobras que los pilotos de la F1.

Solo eso sería suficiente para entender que una marcha de la NASCAR a la F1 no tendría sentido, a menos que existiera una experiencia previa en los niveles inferiores de la F1, y el piloto en cuestión fuera excepcional. Si hubiera alguna posibilidad de deserción de la NASCAR a la F1, sería más probable en el caso de un equipo que de un piloto, algo que tampoco solemos ver en las apuestas de motor.

Por ejemplo, el equipo podría vencer a una escudería de la parte media de la F1 en la estrategia de neumáticos y combustible. Sin embargo, hacerlo de manera regular también requeriría de una ingeniería superior, y los jugadores en ese departamento ya son de sobra conocidos. Por citar un ejemplo, el constructor estadounidense Haas se ha lanzado a empezar una nueva vida en la F1. En Estados Unidos, Stewart-Haas es un equipo respetado de la NASCAR, contando con Kevin Harvick como campeón en 2014, y son pioneros en lo que es un camino intrigante y sin probar para un equipo de la NASCAR.    
 
 

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